Lord Rosse – El Leviatán

WILLIAM PARSONS (continuación)

Los primeros telescopios de Lord Rosse se sustentaban sobre armazones de madera sujetos con cadenas y contrapesos de poleas, según el diseño de Herschel. El armazón con ruedas se apoyaba sobre una pista circular, y así girar 360º para poder dirigir a cualquier punto del espacio.

En 1842, los crisoles de 7 m. de ancho para fundir las barras de metal se proveían de turba, combustible que llegaron a consumir más de 50 m. cúbicos. se vertió el metal fundido sobre el molde y lo mantuvo enfriándose lentamente durante 16 semanas. El espejo de 4 toneladas de peso y de 182 cm. de diámetro se alojó en un cilindro de madera de 17 m. de longitud. Debido a las condiciones climáticas de Irlanda los elementos metálicos se oxidaban con facilidad, por lo tanto, Parsons fabricó otro espejo de sustitución.

El telescopio, estaba instalado entre dos muros de mampostería de 17 m. de altura y 7 m. de ancho de separación y mediante un sistema de palancas y contrapesos, diseñados por Thomas Grubb.

Para ascender y descender el telescopio a la altura deseada se precisaba la colaboración de varios operarios a lo largo del meridiano con ayuda de un cabestrante. Otro ayudante lo hacía girar a los lados, lo que permitía un pequeño ajuste en azimut entre los muros. 

Azimut: Giro del telescopio en su posición horizontal y giro en el plano vertical. Esta parte giratoria permite además variar la inclinación del telescopio para cambiar la altitud. 

Un ayudante más, era el encargado de elevar la plataforma de observación para acceder al objetivo. El telescopio que tenía un margen de giro de unos 15º entre muros no permitía prolongar la observación de un objeto durante más de una hora. Los observadores tenían que esperar a que el objeto volviese aparecer por el meridiano para su observación.

El telescopio carecía de localizador, Lord Rosse utilizaba un ocular de escasa potencia que comprendía un campo de más de medio grado. El soporte del ocular disponía de un marco deslizante en el que se podían insertar dos oculares, pudiendo intercambiar los aumentos simplemente con mover el marco.

El Leviatán demostró que era muy importante la ubicación de los telescopios. El castillo de Birr se encuentra próximo a un pantano, esta circunstancia no favorecía a mejorar las condiciones metereologicas de observación. No tenia objeto el haber construido el mayor telescopio del mundo y ubicarlo en un lugar donde la niebla es casi persistente.

El escritor francés Julio Verne, en su novela titulada “De la Tierra a la Luna” se menciona el telescopio Leviatán como el más grande del mundo en el año 1865.

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